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Con el paso del tiempo solemos recuperar sabores del pasado que creiamos completamente olvidados en algun pliegue de nuestra memoria. El aroma del perfume que solia ponerse nuestro padre, el olor delicioso del jardin de nuestra abuela y, tal vez lo mejor de todo, las frutas que soliamos comer cada dia despues de jugar con nuestros amigos.
Hoy, que todos los niños parecen ocupados en pasar las tardes encerrados en su casa, mirando fijamente la pantalla de su playstation 3, resulta dificil explicar el sencillo pero irresistible placer que significaba bajar esas dulces naranjas y comerlas, comodamente sentado en el suelo, viendo pasar la vida.
Cualquiera que haya pasado esa experiencia la recordara porque es un recuerdo imborrable que ni los años, con toda su crueldad, pueden borrar; lamentablemente, al ver las nuevas naranjas que se comercializan, es facil perder la perspectiva, especialmente por la promocion desmesurada que se usa con estos meros productos de laboratorio.
Por esa razon |